La exoneración de deudas en el concurso de acreedores y la Ley de la Segunda Oportunidad (BEPI)

La Ley Concursal reconoce el derecho a la exoneración (al perdón) de todas las deudas, aplicable a cualquier persona y a todo tipo de deudas, con independencia de su origen.

Para ello, se ha establecido el procedimiento de la Ley de la Segunda Oportunidad, que permite, a través del concurso de acreedores, obtener el “Beneficio de Exoneración del Pasivo Insatisfecho”, también conocido como BEPI, a aquellas personas que no pueden afrontar sus deudas.

Así, a las personas en estado de insolvencia, ya sean particulares, autónomos o empresarios, se les perdonan deudas tanto de carácter personal (derivadas de préstamos de consumo, préstamos hipotecarios, tarjetas de crédito y similares), como de carácter mercantil (derivadas de una empresa familiar quebrada o de un proyecto empresarial fallido, ya sea por la condición de avalista o por otras causas), incluyéndose en ambos casos la deuda pública (impuestos u otros).

El procedimiento de exoneración se inicia intentando un Acuerdo Extrajudicial de Pagos (AEP) con los acreedores, donde se busca la renegociación de las deudas. En la mayoría de los casos se trata de un mero trámite. Ello debido a que, en general, la capacidad económica del sobreendeudado solo permite proponer una reducción del 90 ó 95% para pagar a plazos, con el consecuente rechazo por parte de los acreedores.

En este punto se inicia un concurso “consecutivo”, específico para estos supuestos. En esta fase del procedimiento de exoneración se procede a la venta de todo el patrimonio. Con lo obtenido se pagan las deudas hasta donde alcance, y las que queden pendientes de pago serán las que se exoneren. Si no se tuviera patrimonio, se exonerarían todas las deudas.

La única excepción es la vivienda habitual hipotecada, que no se venderá si su valor es inferior al de la hipoteca, y esta se encuentre al corriente de pago.

Para la exoneración se requiere también ser deudor de buena fe. Éste es un requisito fácil de cumplir, pues solo exige que el concurso sea declarado fortuito (insolvencia no provocada de forma intencionada o por graves negligencias), no haber sido condenado en los 10 años previos por delito socioeconómico, y haber intentado el referido Acuerdo Extrajudicial de Pagos.

Exoneración directa y indirecta: principales diferencias

Para obtener la exoneración directa o automática, que se otorga con el fin del concurso consecutivo, deben ser pagadas en ese momento las consideradas deudas privilegiadas (ello incluye, principalmente, la totalidad de las retenciones tributarias y de la Seguridad Social, la mitad del resto de la deuda pública y parte de la deuda con trabajadores), así como aquellas consideradas deudas contra la masa (las generadas después del inicio del procedimiento de exoneración).

La exoneración indirecta o diferida, que se otorga a los 5 años del fin del concurso consecutivo, está prevista para cuando, en el momento de finalización del concurso, no sea posible, o no se quiera, pagar dichas deudas privilegiadas y contra la masa. En estos casos se acordará un plan de pagos para satisfacerlas en 5 años. A pesar de que al fin de dicho periodo queden deudas sin cubrir, estas serán exoneradas si se ha destinado al pago una mínima parte de los ingresos percibidos.

En todo caso, para valorar que vía es más oportuna y llevar el procedimiento de exoneración a buen término, es necesario un análisis legal personalizado que nos permita tomar las mejores decisiones para cada caso.